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jueves, julio 18, 2024
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Daños colaterales de la homoxesualidad   

Por Marino Baez

mbaezjj@gmail.com

Una cosa es nacer gay, otra aparentar ser gay, una tercera es, meterse a gay por estar en la moda. Es posible que los promotores de la homosexualidad, perdón, comunidad LGTBQ+, justifiquen su discurso impropio, argumentando que “lo que está en la moda no incomoda”; sin embargo, sus actitudes se expanden como el agua, llegando a tocar las venas más sensibles de los niños en la mayoría de las escuelas de Estados Unidos, hasta provocar preocupación en los padres.

Anteriormente, los padres de familias sentían cierta preocupación por sus hijos, en el sentido de que podían ser motivados al uso desmedido de estupefacientes en los planteles escolares, hoy se agrega a este ingrediente, el hecho de que los promotores de la homosexualidad, inclueyendo maestros, sirven de agentes motivadores para que cambién de sexo, provocando daños colaterales.

La práctica constante de dichas organizaciones está surtiendo tanto efecto, que además de adentrarse en las escuelas para promover sus vulgaridades, medios televisivos de la estirpe de Telemundo, Univisión y otros, entienden que la homosexualidad debe ser “universal”, a través de propagandas que vinculan a la sociedad las susodichas comunidades, sin tomar como referéndum los efectos que provoca a quienes no concuerdan con ese género que responde a una minoría.

Se puede decir que las sociedades están diversificadas por géneros no comunes, por eso existen hombres y mujeres con sexos opuestos, o sea, hombres atraídos por los hombres y mujeres por mujeres, eso no quiere decir que ambos se conviertan en impulsores de prácticas provocativas para atraer sexos contrarios con el único propósito de satisfacer necesidades e impulsar la promiscuidad.

ANÉCDOTAS DE LA REALIDAD 

Como escritor que soy, mercadeo mis libros y trato de venderlo a algunos amigos, sobre todo, en el área donde trabajo, pues hace unos dos años, le propuse a una compañera boricua me comprara un ejemplar del libro “Ideario. Vivencias Conceptuadas”. Me responde la joven: “A mí no me gusta leer”. Le digo, “se lo regala a tu sobrino o hermano”. Me responde, “no tengo sobrino, solo tengo un hermano y está estudiando para “Maricón”. Me quedé traumatizado.

“No hay diferencia de sexo, el hombre y la mujer son iguales”, dijo una maestra de escuela en la ciudad de Providence, capital del estado de Rhode Island, a una estudiante de aproximadamente 6 años. En vez de inculcar moral y cívica a los niños y jóvenes, en los centros educativos algunos profesores son pagados para inculcarles antivalores, llegando incluso a regañarlos si se muestran contrarios a sus pretensiones.

MÉDICOS PROMOTORES HOMOSEXUALES

Cada persona tiene derecho a ser lo que le venga en gana. Que sean lo que quieran, ahora bien ¿por qué lo tienen que imponer mediante experimentos prácticos de la medicina, impulsados por terapia de conversión, dirigidas por algunos profesionales que buscan cambiar la orientación sexual con hipnosis, medicamentos, acumputuras y terapias electroconvulsivas, solo con el objetivo impulsivo de invocar sentimientos románticos de sexo opuesto por una simple atracción?

Servir como ente motivador del sexo opuesto subjuga las decisiones de toda una sociedad que busca promover el bien en busca de que el hijo que no nació homosexual incurra en la promiscuidad de un antivalor inculcado por una clase ataviada y deformada, a pesar de que los géneros masculinos y femeninos son definidos con precisión y sin confusión alguna para germinar entes productivo de la sociedad.

Este ritual de los antivalores es permisivo y los padres deben seguir más de cerca a sus hijos menores, por eso uno de los principios bíblicos establece que “el ideal constante de la experiencia sexual para los solteros- los que no están en una relación matrimonial monógama y heterosexual- es la castidad4 y, para los que están en una relación matrimonial, es la fidelidad5. Hay además abundante evidencia que demuestran que la conducta homosexual, junto con la conducta heterosexual ilícita, es inmoral y queda bajo el juicio de Dios”.

El autor es escritor y periodista

Reside en Estados Unidos

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